Un recuerdo sobre uno de los periodistas detenidos - desaparecidos durante la última dictadura


“Soy Enrique Walker, periodista y montonero”


Diario sobre Diarios


Como todos los años, en vísperas del 7 de junio (cuando se celebra el Día del Periodista) Diario sobre Diarios recuerda a algún colega con una nota en esta sección. Pasaron por aquí desde los “ilustres” Mariano Moreno y Rodolfo Walsh hasta los desconocidos por el periodismo porteño como el mendocino Ambrosio García Lao, pasando por otros de trayectoria tan curiosa como enigmática, como Ignacio Ezcurra.

En esta oportunidad, DsD presenta una crónica sobre la asombrosa carrera de Enrique “Jarito” Walker. Una experiencia de vida que transcurrió tanto por los cánones de periodismo profesional, como por el compromiso político más profundo y la prensa militante. Se presenta aquí también, una columna del periodista y poeta Vicente Zito Lema, compañero de Walker en “Nuevo Hombre” escrita a pedido de DsD. Feliz Día, Jarito.


Pendiente del encuentro que debía producirse dentro de la sala, al cuerpito mutilado de Linda Blair, protagonista del film “Ultraje a la inocencia”, prácticamente no alcanzó a verlo. Tampoco tuvo mucho tiempo. Las luces del cine se encendieron enseguida. No se apresuró; se mantuvo en la butaca mientras los uniformados, que primero cubrieron las salidas posibles, empezaron a moverse hacia el interior.

Cuando ya no tuvo dudas, levantó con lentitud su cuerpo robusto, de rugbier, aceleró los movimientos, disparó la carrera, trató de llegar hasta el escenario y atinó a gatillar su nombre, su oficio y su compromiso: “¡Soy Enrique Walker, periodista y montonero!”. Dos veces lo hizo. Antes de que los miembros del grupo de tareas se le fueran encima y lo inmovilizaran a culatazos y le pusieran una especie de capucha, cumplió con otro de sus propios “Consejos para no ser secuestrado” y logró que los espectadores, rígidos, aterrorizados, registrasen su “¡Llamen a los diarios, me están secuestrando!”.

Al fin, lo sacaron a la rastra, lo metieron en la furgoneta Ford, blanca, chapa D-171622, que salió arando por Rivadavia, seguida por un Falcon metalizado.

A las 19.40 de ese sábado 17 de julio de 1976, Enrique Walker, tenía apenas 35 años y 9 meses. Sin embargo, por donde se los mirase, cualquiera de los recorridos de su vida ya eran tan diversos y con tantos mojones, que cuesta acomodarlos en la breve existencia de ese pelirrojo pecoso, de sonrisa cargada de dientes.

De alumno del St. Andrew´s y el St. Peter´s, rugbier de Alumni y Pueyrredón, a montonero. De las luminarias de la redacción de la revista Gente, a los riesgos de “El Descamisado” y la clandestinidad de la “Evita Montonera”. De la comodidad de San Isidro a buscar las claves del camino de Ignacio Ezcurra en Vietnam. Y podrían armarse muchos más trayectos con extremos tan distantes.

Así trazó el dibujo de su vida Enrique Juan Walker, nacido el 23 de octubre de 1941 y criado en la pueblerina Fray Bentos de los uruguayos, cuando nadie pensaba en instalar una fábrica de pasta de celulosa frente al río y la vida giraba alrededor del procesamiento de carnes.

Diario sobre Diarios (DsD) presenta hoy la singular historia de Walker en las vísperas de un nuevo Día del Periodista. Mariano Moreno y su Gazeta de Buenos Aires, Rodolfo Walsh y los datos en torno a su asesinato, el mendocino Ambrosio García Lao, otro apasionado, Ignacio Ezcurra y el comprometido Zelmar Michelini, fueron algunos de los periodistas incluidos en esta habitual evocación. Sin ánimo de que sea un contencioso contra la profesión y su actual momento. Al sólo efecto de reflexionar y de que los más jóvenes puedan conocer historias que aún se cuentan de manera fragmentada.

La ruta de un periodista

En 11 años, contados a partir del 29 de julio de 1965, cuando apareció el primer número de la revista Gente (y la Actualidad), hasta su secuestro y desaparición en 1976, integrando un equipo de edición de la revista Evita Montonera, “Harry” se convirtió en “Jarito” a través del paso por distintas redacciones.

Arrancó por Gente, de Editorial Atlántida, revista de la que era Secretario de Redacción cuando pegó el portazo en 1969. Transitó por Semana Gráfica, de Editorial Abril y en 1971 pudo plasmar en papel su pensamiento: Nuevo Hombre se llamaría el semanario que dirigió a sus 30 años.

En 1972 se integró a la redacción de la revista Extra. El año 73, como a decenas de miles de jóvenes argentinos, lo deposita, en las filas de la Tendencia Revolucionaria del peronismo y se integra en la secretaría de prensa del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI). De allí en más, forma parte del equipo e ncargado de la redacción de la revista más importante de la organización Montoneros y una de las publicaciones partidarias más destacadas de la historia del periodismo argentino: El Descamisado.

Aunque la mayoría de las investigaciones, crónicas o libros que reseñan la vida profesional de Walker cierran su currículum aquí, falta un paso más en su carrera, sus responsabilidades en un ámbito especial del Área Federal de Montoneros dedicado a “la confección de la revista Evita Montonera”.

Revista Gente

El 29 de julio de 1965, Editorial Atlántida sacó a la calle un semanario con la sonrisa “blanca y radiante” de Cacho Fontana en la tapa. Fue el primer paso de su “Gente y la Actualidad”, de la que imprimía tiradas superiores a los 100.000 ejemplares, con ventas que podían superar los 70.000. Ese Nº 1, con el perfil izquierdo de Norberto Palese, que ese y no otro es el nombre del locutor con la voz de oro de la radiofonía argentina, presentaba además a “la Miss Universo 1965” y afirmaba que el general Pedro Eugenio Aramburu “rechaza el golpe”.

El Director Editorial del semanario, Carlos Fontanarrosa, fue el encargado de probar a Enrique Walker. “Quedó seducido por ese muchacho entusiasta, leal, franco, curioso, dispuesto a aprender” y “lo adoptó como a su preferido”, según el relato de Laura Giussani.

Entre esos periodistas figuraba un grupo que, por muy distintos motivos y con calidades profesi onales y éticas absolutamente dispares, ocuparían un lugar en el tinglado periodístico nacional. Uno de ellos era Samuel Gelblung, el “Chiche” hoy enrolado en las huestes del Grupo Clarín, que condujo el rumbo de Gente durante la dictadura militar. También se encontraba Víctor Sueiro, que el 13 de diciembre de 2007 falleció definitivamente, después de plasmar en una decena de libros su primera experiencia fúnebre.

Otro del equipo era José De Zer, nacido Keizer, muerto en 1997, periodista de olfato, afecto a las exageraciones y famoso por su “¡Seguime, chango, Seguime!, lanzada a los cámaras de Nuevediario que secundaban sus coberturas televisivas. Se integró a esa redacción Alfredo Serra quien llegaría, mucho después, a Redactor Jefe del semanario.

El staff se completaba con el propio Walker, de carrera meteórica en la publicación de Atlántida, tanto que ocuparía el lugar de Secretario de Redacción en menos de 3 años, compartiendo espacio con Eduardo Maschwitz, ya instalado allí cuando hizo la prueba inicial.

La edición 148, del 23 de mayo de 1968 presentó el “operativo de gran envergadura” emprendido por Gente y Canal 13, para mostrar “La guerra con ojos argentinos”. Se refirió a Vietnam, cuando el conflicto cambiaba de rumbo, con la “Ofensiva del Tet”, que mostró la potencia del vietcong y las debilidade s de EEUU.

Eran días de conmoción en las redacciones de los medios argentinos, también en el edificio de la calle Azopardo donde funcionaba Editorial Atlántida. El miércoles 8 La Nación había publicado una nota de su enviado a Vietnam, Ignacio Ezcurra. Sería la última, ese mismo día entró al barrio de Cholón para investigar el asesinato de cuatro colegas y nunca más se supo de él.

Aníbal C. Vigil, Director Ejecutivo de la revista, y Fontanarrosa, decidieron desplazar a alguien hacia Saigón (Ciudad Ho Chi Minh, tras la victoria vietnamita). Walker no dio pie a discusiones. El mediodía del sábado 18, ya estaba embarcado, junto a Andrés Percivale y el camarógrafo Enrique Meizner e iniciaba el largo periplo que lo depositaría en uno de los destinos que, para él, más que geográfico fue histórico, más que periodístico fue político y que, en definiti va, hizo que pegara un portazo al año siguiente, después de cubrir el Cordobazo.

Vietnam, mayo francés y Cordobazo

Rumbo a Vietnam

En el número de Gente que anunció su partida, poco después de la noticia de la desaparición en Saigón de Ignacio Ezcurra, comenta que Enrique Walker había salido del despacho “donde dejó flotando esta frase: ‘Quiero ir a Vietnam… Un periodista que tema ir en estos momentos a Saigón no merece el título de tal. Es negarse a vivir la noticia más importante del momento en el lugar de los hechos, es negar la esencia misma del periodismo’”. Allá fue. Y ya nunca fue el mismo.

Escala en París

El periplo hasta la capital del entonces Vietnam del Sur es largo; hay que hacer escala y esperar otro avión en París. Es primavera y la ciudad hierve, las barricadas estallan, los estudiantes protagonizan batallas campales contra la policía, 10 millones de trabajadores en todo el territorio francés hacen huelga.

Tal vez, Walker llegó a ver los títulos de los diarios del lunes 20, anunciando que los ferrys del Canal de la Mancha paran por falta de combustible, la industria textil y los grandes comercios de París se unen a la huelga general del día siguiente y la central obrera comunista exige una semana laboral de 40 horas, edad de jubilación más baja, derogación de las leyes antihuelga de 1963, salario mínimo de 1000 francos semanales y el retiro de la influencia del gobierno en la televisión.

Es el aperitivo de lo que encontrará en Saigón, guerra abierta, infinitamente dispar que, sin embargo, pone en retirada al ejército estadounidense. Franco Salomone, autor de Maten al mensajero, cita a un ex compañero de Jarito en Gente, Alfredo Serra, que afirma que al Inglés “se le dio vuelta la cabeza con el mayo francés”, cuando pasó rumbo a Vietnam. Carlos Ulanovsky en su Paren las Rotativas, enumera la búsqueda de Ezcurra, la muerte del Che, el mayo francés y el Cordobazo como los motores para “un largo y profundo peregrinaje ideológico”.

“Después de Vietnam, soy otra persona, antes vivía y pensaba como un pequeño burgués, la visión de la guerra ha cambiado mi vida”, le decía, vehemente, Harry a su madre, recién llegado del viaje de 1968.

El Cordobazo

Un año después de ese periplo, el 29 mayo de 1969, cubrió el Cordobazo para Gente. Tres días antes, dos plenarios de los obreros Córdoba, resolvieron un paro general de actividades, de 37 horas, con abandono de trabajo y concentraciones públicas de protesta, a partir de las 11 de aquel jueves. Los estudiantes adhirieron a las resoluciones de las centrales obreras. Es fácil imaginar el escenario que se encontró Jarito. El saldo de la batalla fue tremendo; decenas de muertos, cientos de heridos, destrucción de vidrieras, vehículos quemados.

Con todo eso impregnado en las mismas retinas que habían grabado las escenas del París tomado por obreros y estudiantes, del Vietnam de la guerra de David contra el gigante, Walker volvió, tecleó duro y entregó su nota a Carlos Fontanarrosa, quien le pidió algunos cambios, ya que el tono “era excesivo” y el material fotográfico “demasiado com prometido” para una revista de las características de Gente. “La nota no se toca, se publica así o no hay crónica del Cordobazo”, sentenció Enrique, de acuerdo con la reconstrucción de Laura Giussani.

El semanario de Atlántida, efectivamente, inundó los kioscos con su tapa en gama de grises y los Citroën 3CV quemados. En esas discusiones de redacción, Walker, debe haber reforzado la idea que ya le venía cosquilleando desde hacía meses: para poder transformar el pensamiento en periodismo, sería necesario editar su propia publicación. Se fue de Gente, siendo Secretario de Redacción.

Los otros medios

Radio Belgrano

Los años´70 desembarcaron en el almanaque argentino con brisas que soplaban desde las puebladas de Rosario y Córdoba, que todavía arrastraban olores de Mayo Francés y vietcong, que sumaban a las ropas obreras de la Resistencia Peronista, camisas, vaqueros y minifaldas juveniles andando a paso decidido.

La emisora fundada en 1923 por Jaime Yankelevich, primera en transmitir en cadena, la que armó su Radio Belgrano Televisión, sirviendo de cimiento a Canal 7, rompió el molde con una programación en la que descollaba “el minuto más largo y entretenido de la radio”.

Se trataba de El Show del Minuto, que Hugo Guerrero Marthineitz, conducía de 14… ¡a 19!, en épocas en que no existían programas de larga duración. Paloma Efrón, conocida como Blackie, otra “prócer” del antiguo “éter”, también aparecía, “reconquistada por la radio”.

Entre las producciones se destacaban, una por el inusual, inexistente, horario de la madrugada, Generación espontánea; la otra, La Gallina Verde, por salir a darle pelea al arrasador Fontanashow de Radio Rivadavia. Créase o no, en ambos anotó su nombre, sus comentarios y su trabajo Jarito Walker.

Semana Gráfica

La publicación de Editorial Abril también aparece en el currículo de la “pluma nueva” de Belgrano. Miguel Bonasso, colega y militante, lo define como un personaje arquetípico de estos días.

Pinta a Enrique Jarito Walker como “un clásico anglo, pelirrojo y pecoso, de sonrisa y dientes generosos, que hace cinco años creó Gente, cuando era un chico talentoso y reaccionario, ahora sigue siendo talentoso, pero se ha radicalizado con una intensidad y un principismo” que “hacen temer por la continuidad de nuestros puestos en Abril”

El Jarito de Bonasso, con quien terminaría “contando votos” la noche victoriosa del peronismo del 11 de marzo de 1973, es “valiente, hiperkinético y muy creativo, pero también es terco y frontal, como una mula”.

Nuevo Hombre, 1971

Walker antes de los 30 años ya había disfrutado de los halagos que buscan los verdaderos profesionales del rubro; respetado por sus colegas, coberturas importantes dentro y fuera del país, mando sobre redacciones habitadas por nombres de peso... Pero “el Inglés” Walker buscaba otra cosa.

Busca su propio rumbo, por ahora, a través de un medio, una revista “de información y reflexión con una óptica independiente” que, según la reconstrucción de Giussani, permitiese al periodista dar una “visión personal de los hechos de manera independiente”. Y cómo habría de llamarse una publicación de esas características… “Nuevo Hombre”, concepto síntesis entre el desarrollo de la visión periodística y política alcanzada por Jarito.


Su pasado de muchacho de origen acomodado, su presente en tránsito y su futuro de cuadro monton ero se entrecruzan en sus acciones.

Para levantar las paredes de su proyecto con sueños de libertad, recibió, tal vez sin intención, la ayuda de un funcionario de la dictadura de turno, Francisco Manrique, ministro de Bienestar Social.

Según “Cazadores de luces y de sombras”, fue Manrique quien le presentó a un empresario que realizó la inversión inicial de la experiencia. José Ricardo Eliaschev asegura que se trató de David Graiver, banquero de La Plata, luego relacionado a la ingeniería financiera de Montoneros.

Y si en Gente estuvo rodeado y dirigió a hombres que lograron nombre propio en la cartelera periodística, la redacción de Nuevo Hombre es un verdadero firmamento de mujeres y hombres con calidad profesional y, muy particularmente, coherencia con sus escritos.

Las vidas de Dardo Cabo, Alicia Eguren, Rodolfo Ortega Peña, Daniel Hopen, asesinados o detenidos y desaparecidos, por la Triple A o por la dictadura, confirman la afirmación.
Eduardo Luis Duhalde, Vicente Zito Lema, José Ricardo Eliaschev, perseguidos, exiliados, amordazados, también lo confirman.

Y por si esto fuera poco, la responsable de conseguir anunciant es, era una mujer hermosa, por entonces de 44 años que, antes, había sido, ella misma, despampanante, protagonista de anuncios publicitarios… Lili Massaferro, la “Lily Gacel” de La Casa del Ángel de Leopoldo Torre Nilsson, “La Pepa” de la militancia del peronismo revolucionario, al que adscribió después de ese año. Es que, precisamente, en 1971 asesinaron en Tigre a su hijo, Manolo Belloni, militante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

El Nuevo Hombre de Walker, abría sus páginas, sin limitaciones, a las organizaciones armadas, para que publicasen sus comunicados, sus acciones. La redacción empieza a discutir, las amenazas a apretar, los anunciantes a distanciarse, el papel a escasear por decisión de los proveedores, los vecinos a inquietarse por lo que sucedía en el local de la Avenida Córdoba al 2077.

Contra las cuerdas, sin recursos para los salarios, Jarito inicia conversaciones con representantes del PRT-ERP y, en 1972, cambia el formato y vuelve a la calle bajo la dirección de Silvio Frondizi, asesinado dos años después por la Triple A y reemplazado en esa tarea por Manolo Gaggero, cuadro orgánico del ERP.

Revista Extra

Caja de sorpresas, sin dudas, después de Nuevo Hombre, y antes de El Descamisado, Enrique Walker tuvo tiempo para desempeñarse en la revista Extra, dirigida por Bernardo Neustadt. Quien crearía luego el programa de TV Tiempo Nuevo era otro de los que conocía a Graiver, tanto como que, “a fines de 1974 o principios de 1975”, se lo presentó a Félix Luna, quien se encargaría, a su pedido, de la edición de “La Gaceta de la Historia”, un periódico histórico del que llegaron a publicarse 30 números.

Para cualquier pensamiento maniqueo, pobre, debe serle difícil entender la recalada de Walker en la Extra que dirigía Neustadt, después de crear y editar Nuevo Hombre. Jarito trabajaba de periodista y caminaba hacia la militancia política, era como si las redacciones, los grupos de trabajo, fuesen escuelas de pensamiento. De cada paso sacó enseñanzas y cada enseñanza le hizo dar un paso.

El 22 de agosto de 1972 las los distintos medios recibieron un cable de la agencia oficial Télam, él lo leyó: “Durante un fallido intento de fuga, quince delincuentes subversivos…” resultaron muertos en el penal de la Base Aeronaval Almirante Zar de Trelew. Arrugó el papel y gritó al entrar a la sala: “¡Los mataron a todos! Fusilaron a los compañeros de Trelew”, se desplomó en una silla y se largó a llorar.

La prensa montonera

El Descamisado

La organización Montoneros, en cada uno de los momentos de su historia y a través de los cambios de sus estructuras, prestó mucha importancia a la comunicación, la información, la agitación y la propaganda.

Acompañó los mensajes de sus documentos y comunicados con diarios, semanarios y mensuarios públicos, revistas clandestinas; fabricó transmisores de frecuencia modulada y hasta instaló una radio de Onda Corta a miles de kilómetros de la Argentina para intentar “romper el cerco informativo” de la dictadura.

“El Desca”, como lo llamaba la militancia de los´70, por cuestiones legales y persecuciones varias, debió mutar en “El Peronista” y, en seguida, en “La Causa Peronista”. Aunque oficioso, El Descamisado, y su saga, fue el principal órgano de expresión montonera, con tiradas que sobrepasaron los 100 mil ejemplares, para trepar hasta los 140.000, como en su Nº 6, cuando relató “Toda la verdad” sobre “LA MATANZA DE EZEIZA”, producida durante el regreso definitivo del general Juan Domingo Perón a la Argentina, en medio de un ataque de sectores sindicales y derechistas contra las columnas mayoritarias de la T endencia Revolucionaria conducida por los Montos.

Dardo Cabo dirigió la revista, asistido por Ricardo Grassi y un staff de periodistas de primer nivel y algún cuadro de Montoneros, enlace entre la organización y la redacción. Algunos de los periodistas que participaron de la experiencia lograron seguir en el oficio y llegar a cargos importantes, como Ricardo Roa, actual Editor General Adjunto de Clarín.

A partir del Nº 10 se sumó el talento de Héctor Germán Oesterheld, quien inicia la serie con el compromiso de relatar “cómo nos robó el Imperialismo en América Latina”. La historieta, ilustrada por Leopoldo Durañona, tomó el nombre de “450 Años de Guerra Contra el Imperialismo”.

Las pocas alusiones publicadas acerca de las tareas de Enrique Walker en “El Desca”, apenas le dan el papel de “colaborador regular” del semanario. Sin embargo, uno de los miembros de la conducción montonera, encargado de discutir el contenido editorial con Dardo Cabo, consultado para esta crónica, afirmó que “no fue un mero colaborador; aunque no se reunía con nosotros, fue un cuadro importante”.
Otro montonero de aquellos tiempos que, “en las sombras”, cumplía su función junto a Cabo y que conoció a Jarito, también consultado por el DsD confirmó el papel importante de Walker, y lo hizo con un ejemplo típico de la cocina de los hombres de prensa.

El lunes 1º de julio de 1974 la edición de El Desca, ya convertido en “La Causa”, estaba cerrada. Ese mediodía de lluvia y frío se confirmó la muerte del general Juan Domingo Perón, por tercera vez presidente de la Nación. Además del impacto devastador que provocó en el grupo de periodistas y militantes, la noticia dejó al material preparado sin valor alguno.

El equipo de edición tuvo que sobreponerse para planificar, de apuro, una edición nueva, y fue Enrique Walker quien aportó creatividad. Propuso un número en base a fotos del dolor de esas jornadas, de las columnas interminables de mujeres y hombres, jóvenes y viejos, orgánicos e independientes que deambularon zombis por las calles mojadas, frente a la Catedral, por el Congreso, ante la capilla ardiente…

Además, Jarito propuso acompañar la cobertura gráfica con una serie de columnas firmadas por dirigentes nuevos y veteranos que conocieron a Perón. Con tapa color ladrillo y un crespón negro en diagonal, ese número de La Causa Peronista recorrió todo el país con el título “Murió nuestro líder… LOS PERONISTAS QUEDAMOS SOLOS”.

Evita Montonera

Si “El Desca” era el órgano oficioso de los montos, la revista Evita Montonera y el folleto El Montonero, fueron publicaciones oficiales, con comunicados de las distintas estructuras, partes de combate, editoriales que reflejaban las posiciones formales de “la Orga” sobre la coyuntura o sobre su estrategia. El Montonero era redactado, sin intermediaciones, por la Conducción Nacional.

Son pocos los datos, escasos los sobrevivientes, sin embargo, cruzando algunas fuentes, se puede sostener que Enrique Walker completa su foja periodística con responsabilidades en la edición de la Evita Montonera y recorre el último tramo de su vida, corta pero terriblemente intensa, como oficial montonero.

El sector de Inteligencia de la organización estaba a cargo de Rodolfo Walsh, que tenía entre sus colaboradores a una muchacha encargada de las escuchas de las frecuencias policiales. Su pareja de aquel momento afirma que fue “segundo de Jarito Walker para hacer la revista Evita Montonera”.

Revista Información

El libro de Laura Giussani incluye una perla difícil de encontrar. Señala que conoció a Jarito en 1975, a los 15 años, cuando preparaban la revista Información, financiada por Montoneros y dirigida por Walker.

La publicación se proponía “profesional, seria, de izquierda pero amplia” en apoyo del Partido Peronista Auténtico, que respondía a la organización. Iba a salir a la calle el 24 de marzo de 1976, el golpe de Martínez de Hoz y Videla, obvio, abortó el proyecto y nadie volvió a la redacción del barrio de Monserrat.

Cabe señalar que Laura es hija del ya fallecido periodista Pablo Giussani, uno de los redactores destacados de Noticias, el diario de circulación masiva creado por Montoneros y que circuló entre el 20 de diciembre de 1973 hasta su clausura el 27 de agosto del año siguiente.

Construcción de la última noticia

Aquel 17 de julio, Jarito construía el último acto de su vida, la de montonero y la de periodista. Hizo pública su identidad política clandestina y, como periodista de oficio, construyó el último mensaje, dio instrucciones sobre su publicación y logró que fuese noticia. Todo, con una patota policial apuntándole y lista para el secuestro.

Al día siguiente La Nación alertó sobre “Un hecho registrado ayer, por la tarde, en un cine del barrio de Caballito, causó alarma a los numerosos espectadores que se encontraban en su interior, y sorprendió a los transeúntes de la zona”. El 19 el Buenos Aires Herald fue más allá al identificar con su nombre al secuestrado de Caballito. El 20 le tocó el turno a La Opinión, decidió darle el crédito a su colega de habla inglesa para consignar los hechos:

“El diario Buenos Aires Herald identificó ayer como Enrique Walker a una persona secuestrada espectacularmente en la noche del sábado último, en una sala cinematográfica de Caballito por un grupo armado que obligó a los empleados del establecimiento a interrumpir la función y a encender las luces para llevar a cabo el operativo”.

Seguramente, le hubiese interesado analizar la forma en que Rodolfo Walsh incluyó la crónica de lo sucedido en un despacho de la agencia ANCLA, fechado el 30 de agosto bajo el título “Campaña de censura y represión contra el periodismo”.

El mismo refería al “agudo malestar causado en medios allegados a la Secretaria de Información Pública, que preside el capitán de navío Carlos Carpintero, ante la declaración emitida por la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA), entidad que nuclea al grueso de las publicaciones periodísticas nacionales”.

“El 17 de julio pasado numerosos individuos armados se llevaron de un cine de esta capital a Enrique Walker, ex secretario de redacción de las revistas Gente y Extra”.

Jarito jugó al rugby hasta el último de sus segundos de libertad, cuando esquivó culatazos, corrió y metió el último try de su vida en un cine de Caballito.

Hizo periodismo, incluso, estando ya secuestrado.

Eligió ser montonero y lo gritó para que no quedaran dudas, como aconsejaba hacer con la verdad, cuando inventaba un “Nuevo Hombre” cada semana.


Fuentes:
Laura Guissani. “Cazadores de luces de sombras. Ignacio Ezcurra y Enrique Walker: dos periodistas en tiempos de guerra, revueltas y revoluciones”, Edhasa (2008).
Enrique Gil Ibarra. Paredón y después (http://www.elortiba.org/egi.html).
Miguel Bonasso. “Diario de un clandestino”, Planeta (2000).
Pepe Eliaschev. “Lista Negra. La vuelta de los 70”, Sudamericana (2006).
Juan Carlos Camaño y Osvaldo Bayer. “Periodistas desaparecidos”, Editorial Norma (1998).
Santiago Garaño y Werner Pertot, “Detenidos – Aparecidos”, Biblos (2007).
Revista digital de Cultura, La Tecla (http://www.icarodigital.com.ar/numero7/eldamero/jarito/Jarito.htm).
Testimonios vertidos en "off" al DsD por compañeros de militancia de Walker.


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Memorando a Jarito

Por Vicente Zito Lema

Cuando lo conocí, a fines de los años sesenta, Jarito ya era un periodista que honraba el oficio. Nos cruzamos en varias redacciones. Nunca pasaba inadvertido. Muy alto –podía con las manos rozar cualquier techo–, con aires de marinero vikingo, alegre y a la par severo. Le entusiasmaba poner el cuerpo en la historia, y era un organizador nato.

Apreciaba su manera de escribir: clara, rotunda; también, si se permite decirlo, elegante. Yo venía del mundo de la poesía, que sigue siendo mi mundo, y esa herencia y ese estilo, acaso romántico, le causaban recelos, pero igualmente respeto. Así me lo dijo, una noche, compartiendo el tardío café.

Era época de dictaduras, sentíamos el ahogo; los dueños de las empresas periodísticas, cuidando sus intereses y desnudando al fin su ideología real, extendían cada día un poco más el viejo manto de la censura. Jarito estaba al frente de una de las revistas más notorias de entonces, y sintió en carne propia que la contradicción entre su ética, su búsqueda profunda de la verdad de los hechos, y la cotidianidad del oficio en el marco de empresas comerciales, guiadas por el lucro como razón primera, resultaba más que exasperante: dilemática.

Dijo: hasta aquí llegué. Y pegó un portazo. Por supuesto, quería seguir navegando con su pasión, así que resolvió fundar un medio independiente, el capital sería su propia indemnización.

A los pocos días me invitó a comer; en el final me contó de su proyecto y me comprometió a integrarlo: tenés que ser el responsable de la parte cultural, y para que no dudara y con una sonrisa casi diabólica remató: van a ser unas cuantas páginas y no tengo reparo en que las llenes de poesía. Nos reímos. Brindamos con vino de la casa. La revista “Nuevo Hombre” estaba en marcha.

Nuevo Hombre fue su pasión viva, se entregó en cuerpo y alma. No había horarios, ni cansancios ni amenazas que detuvieran su navío. Ante su convocatoria, lo mejor de una generación compartió las páginas de la revista. El pensamiento político sin sectarismo y sin medias tintas, la revolución como demanda ineludible, los derechos humanos como ética fundante, el arte y la poesía en especial como un arma bella y necesaria; todo estuvo allí, el mañana nos pertenecía.

Una tarde lluviosa reunió a la escueta y aguerrida redacción y nos dijo: paso a ser un militante político más que un periodista, nuevas tareas me demandan…

Otros compañeros se hicieron cargo de la revista, yo también me fui.

No pasó mucho tiempo sin que Jarito pagara con usura su compromiso con la vida. Lo secuestraron en un cine, en el barrio de Caballito. Se resistió como pudo. Eran muchos los de la canalla. Jamás apareció. Todo lo que se hizo por su libertad resultó poco, estéril. La herida sigue abierta. El poder del horror no tuvo respiro…

Memorar es preciso para que la vida en la vida exista y alcance su sentido.

También es un acto doloroso: ¿Qué fue de aquel sueño, Jarito…?

¿La justa justicia, la bella belleza serán solo un sueño de soñadores?

¿Quedaremos sin respuesta?

El viento pasa. El viento pasa…